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Abriendo nuevos caminos

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Historia de la empresa

130 años de SEITZ

El joven Heinrich Seitz trabajó con los tintes de anilina, recién descubiertos en la época, para la empresa Bayer Farbwerke en Elberfeld, Alemania. Con tan solo 27 años de edad reconoció la enorme importancia económica de los acabados textiles y convencido por su idea y gracias a su instinto emprendedor, abandonó la seguridad de una gran empresa y fundó su primera compañía en 1885.

La «Tienda y fábrica de tintes de anilina» de la calle Gutleut en Fráncfort creció continuamente, puesto que las tintorerías se dieron cuenta rápidamente de las ventajas de los nuevos colores sintéticos, en comparación con los pigmentos más tradicionales. Pronto empezó a vender una gran serie de suministros para las tintorerías profesionales.

Dos años más tarde, su hermano pequeño, Fritz Seitz, se unió a la empresa. Los tintes de anilina continuaron desarrollándose y mejorando continuamente y a finales de siglo, la «Tienda y fábrica de tintes de anilina» ya exportaba muchos de sus productos a otros países europeos.

«Nos tocó una mano ganadora», apuntó en aquel entonces Heinrich Seitz. «Siempre fuimos los primeros en ofrecer a nuestros clientes los productos más novedosos». Cuando Fritz Seitz falleció en 1905, el hijo mayor de Heinrich, Hermann Seitz, se unió a la empresa. La compañía siguió expandiéndose: en 1906 inauguraron su primera filial en Berlín y en 1910 la empresa contó por primera vez con sus propias instalaciones en Frankfurt Sachsenhausen.

Cuando en 1922 el fundador Heinrich Seitz falleció a la edad de 63 años, su viuda, junto con Hermann Seitz, se hizo cargo de la gestión de la compañía. Su hijo, Alexander Seitz, doctor en química, también entró en la empresa y en 1928 se convirtió en su copropietario. Para aquel entonces, Seitz había alcanzado una reputación internacional en el sector de las mezclas de colorantes adaptadas especialmente a las necesidades de las tintorerías. Debido al creciente número de clientes en Alemania y en el extranjero y al fabuloso desarrollo empresarial, la compañía adquirió en 1940 una nueva instalación en Frankfurt Niederrad.

Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial impidió la construcción del nuevo edificio de la empresa. En 1944 la fábrica y las existencias fueron casi totalmente destruidas tras un ataque aéreo, pero la empresa siguió en pie tras un duro periodo de 5 años y la empresa se reconstruyó poco a poco. El auge de la posguerra trajo una enorme demanda para teñir y colorear textiles y por lo tanto la empresa Seitz disfrutó de un gran desarrollo. Una vez más, los establecimientos tuvieron que agrandarse y se mudaron a Frankfurt Niederrad.

En 1958 Hermann Seitz falleció sin hijos y su sobrino Berthold Runge ocupó su puesto. Tres años más tarde, el doctor Alexander Seitz se retiró y su hijo Walter Seitz, ingeniero textil, tomó su lugar. En los años sesenta y setenta, la disminución de la demanda de tintes y el incremento de la necesidad de la limpieza en seco suuso una rápido cambio en el mercado.

Debido a los intensos trabajos de investigación y desarrollo en sus propios laboratorios, SEITZ fue lo suficientemente flexible para adaptarse a las nuevas necesidades y para establecer en el mercado un surtido de productos de limpieza química de alta calidad y una serie de productos especiales para la limpieza de cuero y alfombras.

En esta especialidad, SEITZ también llamó la atención internacional y su producción en constante crecimiento supuso una nueva relocalización. En 1974 encontraron la ubicación perfecta en Kriftel, un pequeño pueblo en frente de las puertas de Fráncfor y muy cerca del aeropuerto. Desde entonces es la sede de una moderna empresa química con excelentes capacidades de investigación, producción y administración.

En 1989 Berthold Runge se retiró y le sucedió su hijo Alexander Runge como director de la empresa. Alexander Seitz, el hijo de Walter Seitz, se unió a la empresa cuatro años más tarde como director de marketing y en 1996 se convirtió en director de la empresa. En 1998 inauguró la primera sede americana en Tampa, EE. UU., con el fin de gestionar mejor el mercado americano y canadiense.